Sólo un partido como
CIUDADANOS puede acabar la transición y llevarnos por fin a la
DEMOCRACIA.
Porque esto que tenemos,
desgraciadamente, no puede llamarse democracia. Seguimos perdidos en
la transición después de 36 años. DEMOCRACIA es EL GOBIERNO DEL
PUEBLO. Pero, aquí, el pueblo es consultado simbólicamente un día
cada cuatro años, para ser olvidado después 365 días al año
durante cuatro años completos.
No. Ni la participación
del pueblo es satisfactoria, ni la organización funcional del Estado
se corresponde con la de un gobierno democrático moderno. Nuestra
constitución se redactó de forma precipitada en un momento en el
que el pueblo no estaba preparado para decidir sobre algo que
desconocía en absoluto, por simple falta de uso, y los políticos
que la redactaron se aprovecharon de esa falta de preparación del
pueblo, para escribir más artículos de los pertinentes y para tratar
más temas de los absolutamente necesarios en aquel crucial momento.
A mi entender nos
engañaron con aquella constitución y nos colaron cosas nuevas, como las
autonomías, que el pueblo ni pedía, ni conocía, y que, a la postre,
se han demostrando bastante nocivas. Por otro lado, los políticos se
atribuyeron un grado de representatividad para sí mismos que los
convertía en los amos absolutos de un país, en el que, paradójicamente, nos decían que la soberanía residía y reside en
el pueblo. Desde la falta de compromisos para comparecer
periódicamente ante el pueblo soberano para darle explicaciones
detalladas de su gestión y de sus decisiones y propuestas, que ha
llegado hasta el colmo de que el último presidente diera las ruedas
de prensa por un plasma, o lo que se quieran inventar para la próxima
vez, hasta la impunidad jurídica, o las vinculaciones y
sometimientos de unos estamentos que deberían ser independientes y
no lo son. En resumen, que de aquellos polvos vienen estos lodos. Los
graves problemas coyunturales que siempre tenemos, derivan
principalmente de una estructura del Estado mal diseñada,
principalmente por la ausencia premeditada de unos protocolos de
control riguroso del pueblo sobre sus políticos. Hay que reformar la
constitución para conseguir un país auténticamente democrático.
Ninguno de los partidos políticos con solera y curriculum tienen
pretensiones de proponer ese cambio necesario, ni se merecen la
credibilidad necesaria si en algún momento lo plantean. El único
partido que puede proponer con toda legitimidad un cambio de la
constitución dirigido a dar más participación y control a los
ciudadanos sobre el sistema, es un partido nuevo que se llama
precisamente CIUDADANOS.
Tenemos un lider joven,
preparado, audaz y con carisma. Tenemos un partido joven sin lacras y
con un mensaje que propone: Más democracia; Más participación; Un
proyecto ilusionante para todo el país; Una España unida; Unos
Estados Unidos de Europa. Y tenemos, en esta campaña para las
elecciones europeas, la primera ocasión para empezar a contarle, sin
complejos, al resto de los ciudadanos del país cuál es ese proyecto
ilusionante que queremos realizar. Entonces... ¿A qué estamos
esperando?